Frases Ambientalistas

"Convierte un árbol en leña y podrá arder para vosotros; pero ya no producirá flores ni frutos"

Rabindranath Tagore
 

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EL QUE NO SE META MORINGA PIERDE



FIDEL LE DIJO A CHÁVEZ QUE LA USARA EN SU CONVALECENCIA, DIOSDADO SE LA SUGIRIÓ A LA OPOSICIÓN COMO SUPOSITORIO, ALLUP SE LA RECOMENDÓ EN POLVO AL GOBIERNO, EN LA CALLE LA OFRECE UN AMBULANTE PARA LA VIRILIDAD. LO CIERTO ES QUE SE HA CONVERTIDO EN UN TEMA CONTROVERSIAL Y RECURRENTE EN UNA ÉPOCA DONDE EL HERBOLARIO POPULAR SE HA VUELTO IMPRESCINDIBLE. PARECE SER QUE EL QUE NO TOME MORINGA SE JODIÓ

POR MARLON ZAMBRANO • @MARLONZAMBRANO / FOTOGRAFÍAS MICHAEL MATA


Tres enfermedades crónicas, varias taras genéticas, una ceguera parcial debido al uso excesivo de gotas para los ojos con anabolizantes y una propensión desmedida a los excesos —comida, vicio y rock and roll— me pusieron alerta un día, superada la edad de Cristo y más cercano a los años de Felipe Pirela al momento de exhalar su último aliento. Ese día, hace poco, decidí dar un brinco maromero hacia el otro nivel de la existencia, donde uno empieza a cabecear de sueño a las 8 de la noche, bajarle al alcohol y a la vara, ponderar una dieta balanceada y hacer esa cosa horrible y decadente que es trotar a través de una larga acera urbana minada de muchachitas exquisitamente hermosas y unos carajitos de torsos corpulentos y semidesnudos que te pasan por un lado, te tropiezan sin pedirte disculpas, para seguir de largo en pos de aquellos leggins que se deslizan provocando por los pasillos del placer aeróbico, mientras uno sigue andando más por vergüenza que por resistencia orgánica.

La crisis de los 40 trajo consigo, dramáticamente, la muerte de Chávez, un segundo divorcio, la pérdida de los ahorros de vida, el desempleo —hasta que Épale CCS me sacó de las catacumbas—, la guerra económica y la escasez; por lo que todos, unos más asertivos que otros, comenzamos a acelerar los planes inminentes de supervivencia alternativa: aparecieron las arepitas de auyama, las torticas de ñame, los tequeños de apio, las sopas de agua coloreada, la carne mechada de concha de plátano, el café de arroz quemado, el jugo sin frutas ni azúcar, los tesitos de malojillo y todas las recetas del “Manual del pelabola” de Malú Rengifo. Pero nunca se me pasó por la cabeza la moringa.

Fidel se la recomendó a Chávez, pero al parecer ya era demasiado tarde. En una de esas transmisiones agónicas desde Cuba, cuando el Comandante iniciaba su tratamiento contra el cáncer en la isla, el líder cubano le recomendó que usara un monte que hasta la fecha —con 85 años— lo mantenía duro y lúcido. La moringa de Fidel parecía tener poderes sobrenaturales porque no solo le permitió transitar el siglo XX con la dignidad de un toro embravecido —y mira que fumó bastante y sobrevivió a 638 intentos de asesinato reconocidos—, sino que lo internó en el XXI con la misma capacidad luminosa que irradió dignidad a las luchas reivindicativas del nuevo tiempo histórico de los pueblos. Chávez no llegó a tiempo.

La segunda mención importante se produjo en plena campaña para las elecciones parlamentarias de 2015. Diosdado Cabello, líder del PSUV y del parlamento, nos sorprendió un buen día con un súbito conocimiento de las posibilidades balsámicas de la moringa, al recomendar su uso a los candidatos de la oposición para que alcanzaran la fase REM, sugiriendo, como un médico de herbolario investido de misericordia, su uso en supositorio para un efecto inmediato. Esa vez nos asombró con una presentación industrial de la moringa: cápsulas de fácil absorción. Un mes después, recién instalado presidente de la malograda Asamblea Nacional, el milenario dirigente Henry Ramos Allup, como un acto de venganza, al arrebatarle el poder legislativo al oficialismo, sugirió a Cabello repartir moringa entre sus homólogos para que lograran conciliar el sueño de ahora en adelante. La presentación de Allup fue un poco más burda: era como un polvo en sobre plástico, medio narco. Lo cierto es que por primera vez, y después de 17 años, gobierno y oposición llegaban a un acuerdo —al menos en tono de joda y en torno a la emocionalidad del contrario— en un acto, sospechoso, de buena voluntad.

LA PASIÓN DEL MORINGUERO
La idea es que Caucagua sea una potencia moringuera
Los verdaderos moringueros son unos auténticos fanáticos, en el buen sentido de la expresión. Rubén Morales Mera, más que un tecnólogo, parece un soldado de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días con su facsímil del libro de Joseph Smith bajo el sobaco. Saca un pliego de sus muchos estudios y enumera, con fascinación de adolescente enamorado, los millones de beneficios del “árbol milagroso de la vida que produce diamantes verdes como un regalo de Dios”. Me dijo lo que todo el mundo dice: originaria de la India, complemento alimenticio, se consumen todas sus partes, se da donde sea, se cosecha fácil, resiste sol y lluvia, no amerita demasiados agrotóxicos, tiene altos niveles de proteína y aminoácidos esenciales, se utiliza en la medicina ayurveda —tradicional hindú—, incluso sugerida en algún pasaje de la Biblia, libro de “Éxodo”, capítulo 15: “…Y Moisés clamó a Jehová, y Jehová le mostró un árbol; y lo echó en las aguas, y las aguas se endulzaron. Allí les dio estatutos y ordenanzas, y allí las probó”.

Morales, creador del colectivo Guacamaya Roja, dedicado a fortalecer el Poder Popular a través de la organización de redes sociales y promotor del adecuado uso de la planta mediante el portal www.moringa.web.ve. Es un fiel creyente en la oleífera, siempre que se administre en condiciones propicias. Una de las facetas menos gentiles de la planta es la que se traduce en su venta indiscriminada en la calle, como sugiere el boom moringuero que se ha desatado por la ciudad. Es así. En cualquier esquina, bajo cualquier condición, te ofrecen monte con los más sensibles motivos: “Lleve la moringa, para enarbolar la pinga”, “Llévate tu moringa, la fuente de la juventud”, “La que Diosdado le repartió a los escuálidos”, vociferan a flor de gaznate los ambulantes del centro que igual te compran oro, dólares y euros, así como te venden ropa escolar por docena y un cigarro detallado a ochenta de día y a cien de noche. “Si no, anda a comprarlo en la panadería pueeeeeee”.

El paquete de eso, que te venden por ahí puede costar lo que sea, pero muchas veces te meten gato por liebre. Explica Morales. En algunos casos la mezcla está pasada, o verde, o mohosa. A veces es la mezcla con otras hojas, a veces viene con muchas ramas, a veces ha recibido mucho sol, a veces es cualquier vaina menos moringa. Lo recomendable, explican los moringueros, es que tenga su denominación de origen, alguna identificación formal; o comprar directamente al productor, bien en su proveduría particular o en su puesto de confianza.

El otro factor, explica Morales, es el que involucra a los grandes perjudicados por su comercialización masiva, como es el caso de la industria del medicamento y de los alimentos —casi na’. Algún día los medios privados exhibirán una feroz campaña en contra de las consecuencias neurológicas o emocionales del consumo de moringa, así como se ha dicho que la arepa de ñame afecta al cariño de los nietos hacia las abuelas, la falta de azúcar refinada interrumpe el crecimiento de la espina dorsal y que la auyama vuelve diabólicas a las madres primerizas. Son las grandes corporaciones haciendo el lobby del terror mediático, que tanto daño recurrente le hace a las sociedades mediatizadas, en favor de las pautas de publicidad y de sus marcas comerciales.

UNO ESCUPE Y NACE
Marcos Ugueto y Amelia Plaza son marido y mujer, devotos cristianos evangélicos y fervorosos moringueros. Fue Dios, y no otro, quien les señaló el camino hace dos años con una letra profética que les iluminó con la idea: sembrar moringa. Hoy no solo plantan sino que distribuyen semillas, producen el polvo por encargo, fabrican jabones y, como quien no quiere la cosa, le agregan la cascarilla de cacao, abundante en Barlovento, donde siembran y residen, específicamente en la urbanización Los Cedros, por la recta de Caucagua a la izquierda, municipio Acevedo. Constituyen una pequeña unidad de producción familiar donde intervienen hasta los hijos, con 500 matas en 2,5 hectáreas en el sector Castillito, además de un pequeño huerto doméstico donde también cosechan flor de Jamaica, albahaca, romero, clavo de olor, frijol chino, estevia y malojillo. Los viernes y sábados pasan el día distribuyendo su producción en el mercado popular del pueblo mientras los muchachos ayudan en la siembra, una de las chamas vende los jabones en la universidad, la otra en el liceo, y así, para redondear la quincena.

Hablan como todos los miembros de la logia: con fascinación fanática. Su idea, dicen, no es enriquecerse sino hacer el trabajo encomendado por Jehová. “Recuerda que el cuerpo es la creación divina de Dios”, y como tal hay que cuidarlo. Así lo promueven todos los lunes, de 10 a 11 am, en la emisora comunitaria Morena 102.9 FM, donde transmiten las buenas nuevas del Señor. Amelia es el testimonio viviente de los milagros moringueros. Era víctima de la fibromialgia hasta el día en que, sin darse cuenta y luego de consumir por algún tiempo las hojas en infusión, se vio lanzándose desde un autobús en marcha como una gimnasta en competencia, y ni le dolió un poquito. Así, han recibido testimonios sobre la osteoporosis, el sistema inmunológico, el asma, el cansancio, la diabetes. Morales, por su parte, conoce de primera mano testimonios sobre la hipertensión, el hambre, el cáncer. Este último por una razón fundamentada en las palabras del propio Fidel cuando conversaba en vivo, por las cámaras de VTV, con Chávez: el cáncer es el resultado de radicales libres cuando toman el control de tus tejidos y torrente sanguíneo, dañando tus células y causando que el cáncer crezca. Los antioxidantes en el suplemento de moringa oleífera van en la búsqueda de estos radicales libres para destruirlos.

De lo que no se habla demasiado es de su posibilidad como alimento para personas y animales. En África pueblos enteros se alimentan con ella. Antes, en Venezuela, nos alimentábamos de pira y ahora la pisoteamos como si se tratara de plaga. “La idea es regresar a las raíces”, insiste Ugueto, a quien todos en Caucagua conocen como El Hombre del Sombrero, en la foto verán por qué.

“Estamos convencidos de algo. Si realmente queremos ser independientes, tanto financieramente como alimenticiamente, es necesario producir semillas; y si tenemos tierras tan fértiles como Barlovento, donde una escupe una pepa de moringa y nace, vamos a desarrollar y a producir sin costos exagerados”.

Marcos y Amelia ven este momento del país como una oportunidad para recuperar lo que tuvimos: amor a la tierra, a lo natural. Parece, honestamente, que hablan con el corazón en la mano y su trabajo con la moringa es un apostolado. “Nos han dicho que si vendemos la mata todo el mundo la va a tener y nadie va a necesitar que le vendamos: pues esa es la idea, que Caucagua se convierta en el emporio de la moringa en Venezuela. Entonces, nosotros estamos impulsando eso. El mayor logro nuestro es saber que cuando partamos de esta tierra dejemos algo que beneficia a la mayoría de la gente. Al fin y al cabo todos estamos en este mundo de paso”.

De paso, al fondo del local reposaba un carrito de perro caliente con acabados en lona azul, incitando al pecado del embutido. “¿Y también venden perro?”. “Bueno, nosotros le metemos a todo, jajajaja”.

Todos reímos.

ÉPALE 186
julio 10, 2016 MIRADAS

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